Hacia un nuevo paradigma en protección fitosanitaria: bioinsumos para una agricultura familiar sustentable.

Autoras: Guillermina Ferraris, Cristina Cordo, Paulina Moya, Marina Stocco, Cecilia Mónaco, Marcela Simontacchi y María Lujan Maydup

Por medio de este artículo queremos compartir una experiencia que se está llevando adelante en el cinturón hortícola Platense. El objetivo principal es articular trabajos de investigación que la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales viene llevando adelante, con el trabajo de extensión que también la Facultad viene realizando. El caso puntual del proyecto que aquí presentamos tiene que ver con llevar a la práctica ensayos de aplicación de bioinsumos en sistemas reales de producción donde los productores tienen un rol protagónico, debido a que ellos son los que deciden: de qué manera y en qué lugar se realizan los ensayos y a su vez son los encargados de registrar las diferentes momentos del cultivo, entre otros parámetros a estudiar para evaluar la factibilidad de utilización de estos insumos.

La problemática de los bioinsumos surge del impacto negativo que generan los sistemas productivos convencionales. El modelo productivo dominante fue orientado a la obtención de máximos rendimientos en base a la utilización de paquetes de tecnologías generales y universales. En este contexto, gran parte de los ecosistemas han sido transformados en agroecosistemas basados generalmente en un gran aporte de agroquímicos y otros insumos externos, incrementando significativamente una serie de problemas ambientales, sociales y ecológico-productivos tanto a nivel local, como regional y mundial. Conforme se simplifican los sistemas, existe una progresiva degradación, de los procesos naturales de equilibrio ecológico, con lo cual los hace cada vez más dependientes del aporte de insumos (fertilizantes químicos, plaguicidas, riego, maquinaria, plásticos, etc.) para garantizar los niveles de producción.

Se generan sistemas de producción con altos costos de insumos y complejos paquetes tecnológicos, que excluye a los productores menos capitalizados, siendo la Agricultura Familiar uno de los sectores más afectados y, al mismo tiempo, más numerosos en nuestro país.

Para minimizar parte de estas externalidades generadas por el modelo dominante, existen alternativas para sustituir insumos costosos y contaminantes usados para el control de enfermedades. Muchas de estas tecnologías, en particular los bioinsumos, se vienen desarrollando en dependencias de la Universidad Nacional de La Plata  y es un desafío validarlas y transformarlas en tecnologías apropiadas para el sector. Para lograr la apropiación de dichas prácticas por los productores se inicia un proceso de implementación de espacios de validación de las mismas en las unidades de producción propiciando instancias donde se intercambian conocimientos generados desde la práctica productiva concreta y los diferentes espacios científicos.

Este proyecto se desarrolla en el cinturón hortícola platense, en este se concentra la producción de hortalizas en fresco más importante de la Argentina, contandocon 7100 ha bajo cubierta y al menos 5000 productores. Este cinturón abastece a una población de 14 millones de personas.

Los productores en su gran mayoría son de tipo familiar y alquilan las tierras en las que trabajan. Las superficies de explotación son pequeñas de entre 1,5 y 3 ha para generar ingresos suficientes para las familias es necesario que los sistemas sean altamente intensivos, de aquí la masiva adopción de la tecnología del invernáculo. La mencionada tecnología se caracteriza por estructuras de distintos tipos, cubiertas con polietileno que buscan controlar el ambiente, y que demanda y depende de un gran volumen de agroquímicos.

Esta combinación ha generado en los últimos veinte años toda una serie de ventajas productivas, económicas y técnicas, como así también transformaciones en la tenencia y uso de la tierra, en la forma de producir (qué, cómo, cuánto y cómo) y en la estructura social. Las ventajas productivas son: mayor rendimiento y precocidad de cosecha; mayor calidad y homogeneidad de los productos cosechados, y ampliación del período de producción, respecto a la modalidad productiva tradicional a campo. Sin embargo, estos sistemas productivos se han vuelto altamente dependientes de semillas, pesticidas, fertilizantes, polietileno, entre otros, para que los materiales mejorados expresen su mayor potencial genético.

A los fines de mejorar la producción agropecuaria minimizando los impactos negativos previamente descriptos aparecen múltiples alternativas, como por ejemplo la utilización de bioinsumos que son productos obtenidos a partir de organismos tales como bacterias, hongos, virus, e invertebrados, o bien extractos naturales obtenidos de plantas.

Con relación al control de enfermedades de cultivos hortícolas, existen alternativas para disminuir la utilización indiscriminada de fungicidas y fumigantes, que incluyen el empleo de microorganismos, en particular bacterias y hongos. Entre los microorganismos se encuentra el hongo Trichoderma spp. (Ascomycota), presente y a menudo predominante de la micoflora en suelos naturales y agrícolas a lo largo de todas las zonas climáticas. Este hongo juega un papel importante en la salud de los ecosistemas; prácticas como la desinfección de suelo con biocidas de amplio espectro como el bromuro de metilo han provocado que vaya desapareciendo. La propuesta es devolver al suelo este microorganismo que se le ha ido quitando con el uso de prácticas altamente agresivas.

Por otro lado el uso de purines o fermentados aeróbicos de origen vegetal, como el de ortiga, constituyen una práctica ampliamente utilizada en agricultura familiar tradicional en otros sistemas productivos, creemos que es factible de incorporar en los sistemas hortícolas familiares. Sin embargo contamos con información escasa y contradictoria sobre de los efectos concretos sobre los vegetales. Además existe poco consenso acerca del modo de preparación, concentraciones de uso recomendadas y formas de almacenaje, de aquí la importancia de trabajar en conjunto con los productores para ajustar desde la práctica concreta estos aspectos.

El proyecto iniciado en el año 2017 es un proceso de interacción y diálogo de saberes con agricultores familiares del cordón hortícola, en este proceso a partir de un taller que se realizó de puesta en común de los saberes en relación a los bioinsumos, en forma conjunta con los productores surgieron iniciativas de puesta en práctica de los mencionados bioinsumos analizando la factibilidad de su utilización. Se consensuó necesario trabajar en: la forma de aplicación, en que cultivos aplicar, en qué momentos, cómo verificar el funcionamiento de los mismos y el efecto final que tiene en la producción.

Creemos necesario que los productores familiares responsables del 90% de las unidades productivas de la región, puedan iniciar un proceso de transición hacia sistemas productivos sustentables, siendo en esta primera etapa la sustitución de insumos de alta toxicidad por productos naturales basados principalmente en bioinsumos. En este contexto es necesario instrumentar además buenas prácticas hortícolas compatibles con su utilización.

Desde el equipo de responsables del proyecto siempre hemos tenido en cuenta que los productores viven de los ingresos generados en las quintas, con lo cual todo lo que nosotros proponemos como cambios tecnológicos e innovaciones tecnológicas tiene un impacto directo en la vida de las familias eso implica mucha responsabilidad por eso es que agradecemos la participación y la muy buena predisposición de los horticultores.

Deisy Villarpando ensayando trichoderma spp.

Taller en la Cooperativa Nueva Esperanza

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